El gobierno del ciudadano según George Santayana


GT 1.5 El ciudadano del siglo XXI

Autor/a
Víctor Alonso Rocafort

En la última obra que escribiera Santayana, Dominaciones y potestades (1951), el autor nacido en Ávila y uno de los más profundos renovadores de la filosofía norteamericana va a proponer una filosofía política original. Estudioso y amante de los clásicos, conocedor de los últimos avances de Sigmund Freud, amigo personal de William James y Bertrand Russell, Santayana partirá en sus reflexiones políticas de la necesidad de intentar comprender la complejidad del ciudadano, verdadero protagonista de la polis. Su obra filosófica, narrativa y poética anterior le ayudará en todo ello.

Para Santayana la primera experiencia política del ciudadano procede de su “desamparo” al nacer; una “absoluta dependencia” que le sume en una “impotencia armada”. Aquí el ciudadano debe aprender a recuperar su libertad, aceptando sus limitaciones y el apoyo real que le prestan los poderes de sus cuidadores. Las fantasías e ideales disparados, las primeras frustraciones, así como también las enseñanzas adquiridas, dejarán su indeleble marca en el ciudadano.

Santayana reconoce así la imposibilidad del gobierno perfecto; es más, “aun dentro de cada individuo suele existir una guerra civil”. “La jungla verbal e imaginativa que la exuberancia y fertilidad de la naturaleza” desarrolla en nosotros, su disonante o armoniosa relación con “lo que el mundo autoriza y estimula”, provoca conflictos. “El diálogo interno” y el “juez silencioso” que también somos, deben actuar sobre aquéllos con el fin de tomar decisiones e impedir desgobiernos.

A Santayana le interesa cómo todo esto influirá en la comunidad política. Su  estudio de lo que denomina el orden militante trata de confirmar dichas conexiones. Militar, para Santayana, es entregarse a todas aquellas empresas económicas, religiosas, militares o políticas caracterizadas por “la voracidad primitiva”, la “ambición y vanidad de la competencia”, así como por la dominación dogmática. La organización política militante responde así a las banderías, grupos fraternos en busca de enemigos y conquistas, de reformas absolutas que no admiten obstáculos frente al ideal diseñado.