La democracia trágica de Cornelius Castoriadis


GT 1.5 El ciudadano del siglo XXI

Autor/a
Juan Dorado Romero (Universidad Complutense de Madrid)

En la reflexión del pensador greco-francés  Cornelius Castoriadis (1922-1997) hallamos sendas que pueden ser muy fructíferas si las recorremos con la intención de comprender el verdadero sentido de las primeras experiencias democráticas en la antigua Grecia. Sin embargo, Castoriadis desconfiará de las tesis de los grandes filósofos políticos de ese periodo histórico, ya que, en su obsesión por encontrar las verdades últimas, tergiversaron el significado cotidiano de la democracia en la polis. Por ello, preferirá acercarse a los autores dramáticos como Esquilo y Sócrates, en cuyas obras encontrará las claves de una concepción trágica de la política, basada en la aceptación de la mortalidad de las vidas y la obras humanas.

Para este filósofo la política auténtica sólo se podía concebir como democrática y su mayor propósito intelectual fue dejar en evidencia cómo el gobierno democrático de la polis (sea esta el Estado moderno o cualquier otro modo de organización política) no es tal si no va acompañado del gobierno democrático de uno mismo. Hay un punto, sin embargo, insistirá Castoriadis, sin el que una reflexión teórica sobre la política no puede avanzar si no quiere soslayar algo esencial para la supervivencia de la polis, y este punto es la ilusión de omnipotencia (hybris) que late en el interior del ciudadano y de la ciudad.  Esta inclinación secreta e inconsciente no es algo con lo que se pueda acabar de una vez por todas. Eso sería otro delirio omnipotente. Este pensador comprenderá que la democracia es el régimen político de la autolimitación, y eso es algo que se logra (o no) día a día.  De ahí la originalidad del concepto de autonomía que desarrolla Castoriadis en sus escritos, que se aleja de la razón autosuficiente de la modernidad.