Pensamiento complejo y buen juicio como educación interna del ciudadano


GT 1.5 El ciudadano del siglo XXI

Autor/a
Marcelo Moriconi (CIES/ISCTE-IUL)

Gran parte de la ciencia política se ha convertido en una narrativa de reificaciones que, supuestamente, materializan lo político a base de metonimias: Estado, Pueblo, Patria, Nación, Democracia o más recientemente Gobernanza, se alzan como conceptos totalizadores con vida propia. Pero la democracia se materializa por prácticas diarias de los ciudadanos. Para esta ciencia política, el estudio del ciudadano, con sus interiores y exteriores politológicos, queda en segundo plano o, directamente, desaparece. Si bien en los últimos años se dio un auge de estudios sobre la democracia participativa, la educación cívica del ciudadano se ha entendido como una educación desde fuera, muchas veces impuesta. No alcanza con la mera participación, sino con el cómo y el para qué se participa. La retórica humanista junto al pensar complejo brindan herramientas útiles para educar al ciudadano de manera más amplia y completa, dando cuenta de sus espacios públicos internos y preparándolo para una vida política que comienza con su propio auto-gobierno. La política, desde aquí, se entiende no como una mera gestión técnica sino como la construcción contingente del vínculo social y la gestión de enviadas, pesares, rencores y ambiciones desmedidas. En este sentido, la diferenciación entre la racionalidad y la racionalización, propuesta por Morin, ayuda a la educación cívica y posibilita la (re)sedimentación del juicio como virtud necesaria para la consolidación de la democracia. Habilidad, prudencia, responsabilidad social y la posibilidad de promover ya no una sociedad de individuos sino una comunidad de personas afloran, así, como una cuestión natural.