El liberalismo político en la Transición a la democracia


GT 1.6 Pensamiento político en España: Del regeneracionismo a la modernidad globalizada.

Autor/a
José Jesús Sanmartín Pardo (Universitat d'Alacant / Universidad de Alicante)

El liberalismo político de la Transición se alimentó de nutrientes a veces divergentes, en otras concomitantes, pero siempre desde el espíritu de aceptación (o, al menos, asunción) de las diferencias aparentes para conseguir la instalación de una conciliación en base a unos mínimos de convivencia. La democracia liberal emergía como vector positivo al respecto. La cuestión institucional no aportó escisiones en los grupos liberales, pues aún cuando la mayoría de ellos eran favorables a la monarquía, su establecimiento les parecía aspecto secundario respecto a la verdadera finalidad democrática. Los liberales fueron generalmente conscientes de los sacrificios que debían asumir por el bien común; en realidad, se partía de la premisa del carácter minoritario del voto liberal. Fundada o no esta percepción, lo que resulta obvio es que ello gravitó sobre el convencimiento de no pocos dirigentes liberales de que su lugar era la influencia sobre partidos mayores e instituciones nacientes. El sentido institucional de los liberales fue uno de sus activos más relevantes, y menos reconocidos, durante la Transición, como quedó probado, por ejemplo, en su general respeto a la neutralidad de la Corona. Sus errores tácticos (el más clamoroso de todos vino dado por la falta de una estrategia definida a largo plazo como tal organización liberal), la falta de perspectiva estratégica, sus dejaciones políticas, y demás omisiones, derivó en una sucesión de pactos donde se producían coaliciones de grupos, incluso fusiones de afines, que reforzaron el perfil integrador del liberalismo transaccional de los años del cambio mas, paradójica y significativamente, redujeron sus opciones de formar un partido capaz de hacer gobierno como tal fuerza liberal. Su integración mayoritaria en UCD acabó diluyendo el pensamiento político tanto de la ideología liberal como del partido nodriza. La suma de los ímpares no redundó en beneficio de la ecuación política impulsada por los centristas. El liberalismo triunfó como fundamento ético sustentador de la idea de Buen Gobierno pero, a semejante fin, debió perderse como alternativa de Gobierno efectivo.